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domingo, 29 de marzo de 2015

Lunes Santo



Evangelio Marzo 30, 2015

Día litúrgico: Lunes Santo

Texto del Evangelio (Jn 12,1-11): Seis días antes de la Pascua, Jesús se fue a Betania, donde estaba Lázaro, a quien Jesús había resucitado de entre los muertos. Le dieron allí una cena. Marta servía y Lázaro era uno de los que estaban con Él a la mesa.

Entonces María, tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro, ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos. Y la casa se llenó del olor del perfume. Dice Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo había de entregar: «¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?». Pero no decía esto porque le preocuparan los pobres, sino porque era ladrón, y como tenía la bolsa, se llevaba lo que echaban en ella. Jesús dijo: «Déjala, que lo guarde para el día de mi sepultura. Porque pobres siempre tendréis con vosotros; pero a mí no siempre me tendréis».

Gran número de judíos supieron que Jesús estaba allí y fueron, no sólo por Jesús, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Los sumos sacerdotes decidieron dar muerte también a Lázaro, porque a causa de él muchos judíos se les iban y creían en Jesús.

Comentario: Rev. D. Jordi POU i Sabater (Sant Jordi Desvalls, Girona, España)

Ungió los pies de Jesús y los secó con sus cabellos

Hoy, en el Evangelio, se nos resumen dos actitudes sobre Dios, Jesucristo y la vida misma. Ante la unción que hace María a su Señor, Judas protesta: «Dice Judas Iscariote, uno de los discípulos, el que lo había de entregar: ‘¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios y se ha dado a los pobres?’» (Jn 12,4-5). Lo que dice no es ninguna barbaridad, ligaba con la doctrina de Jesús. Pero es muy fácil protestar ante lo que hacen los otros, aunque no se tengan segundas intenciones como en el caso de Judas.

Cualquier protesta ha de ser un acto de responsabilidad: con la protesta nos hemos de plantear cómo lo haríamos nosotros, qué estamos dispuestos a hacer nosotros. Si no, la protesta puede ser sólo —como en este caso— la queja de los que actúan mal ante los que miran de hacer las cosas tan bien como pueden.

María unge los pies de Jesús y los seca con sus cabellos, porque cree que es lo que debe hacer. Es una acción tintada de espléndida magnanimidad: lo hizo «tomando una libra de perfume de nardo puro, muy caro» (Jn 12,3). Es un acto de amor y, como todo acto de amor, difícil de entender por aquellos que no lo comparten. Creo que, a partir de aquel momento, María entendió lo que siglos más tarde escribiría san Agustín: «Quizá en esta tierra los pies del Señor todavía están necesitados. Pues, ¿de quién, fuera de sus miembros, dijo: ‘Todo lo que hagáis a uno de estos pequeños... me lo hacéis a mí? Vosotros gastáis aquello que os sobra, pero habéis hecho lo que es de agradecer para mis pies’».

La protesta de Judas no tiene ninguna utilidad, sólo le lleva a la traición. La acción de María la lleva a amar más a su Señor y, como consecuencia, a amar más a los “pies” de Cristo que hay en este mundo.

La parábola de la rosa


Un hombre plantó una rosa y trabajó
regándola constantemente.
Antes que de ella apareciese algún indicio,
él la examinó y vio el botón que en breve abriría,
mas notó espinas sobre el tallo y pensó:
¿Cómo puede una flor tan bella venir
de una planta rodeada de espinas tan afiladas?

Entristecido por este pensamiento,
él se negó a regar la rosa y antes
de estar pronta para abrir, ella murió.

Así sucede con muchas personas.
Dentro de cada alma hay una rosa:
son las cualidades dadas por Dios.

Dentro de cada alma tenemos también
las espinas: sólo que falta que aparezcan
nuestras rosas.

Muchos de nosotros nos miramos
y vemos sólo las espinas, los defectos.

Nosotros nos desesperamos, pensando
que nada de bueno puede venir de nuestro interior.
Nos negamos a regar, a cultivar dentro nuestro,
y consecuentemente, eso muere.

Nunca percibimos nuestro gran potencial.
Algunas personas no ven la rosa dentro
de ellas mismas, por lo tanto alguien más
debe mostrárselas.

Uno de los mayores dones que una persona
puede poseer o compartir es ser capaz
de pasar por las espinas y encontrar
la rosa dentro de otras personas.

Esta es la característica del amor.
Mirar una persona y conocer
sus verdaderas faltas.
Aceptar a aquella persona en su vida,
en cuanto reconoce la belleza en su alma
y ayudarla a percibir que ella puede superar
sus aparentes imperfecciones.

Si nosotros mostramos a esas personas
la rosa que está creciendo en su interior,
ellas superarán sus propias espinas.
Sólo así ellas podrán ver abrirse sus rosas,
muchas veces.

martes, 24 de marzo de 2015

Slo hay dos cosas quepodemos perder

Solo hay dos cosas que podemos perder

Aunque no llre: me duele

Aunque no llore; me duele

Vengandose uno se iguala

vengandose uno s eiguala a su enemigo

No hay mujer mas bellas e Inteligente

No hay mujer mas bella e inteligente
que la que se respeta fisica y moralmente

La Vida esta llena de altibajos

La vida esta llena de altibajos
el truco es disfrutar los altos y tener coraje durante los bajos

Te prometi un dia siempre estar ahi

Te prometi un dia siempre estar ahi las buenas y en las malas

Sino luchas

si no luchas por lo que qieres nunca lo tendras

Mi hija