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miércoles, 10 de junio de 2015

Carta a mi papa Fallecido

Papá quiero darte las gracias por haber hecho de mi lo que ahora soy, una mujer, gracias por todo. Recuerdo cuando nací que me recibiste con tanto amor que me protegías todo lo que me hacía daño a mi alrededor cuando eche mis primeros dientes cuando di mis primeros pasos cuando me caía tú estabas ahí para recogerme y decías no llores que no pasa nada y ponías una sonrisa en mi cara cuando me tapabas con tu chaquetón, cuando me dormía en el sofá, cuando me cantabas, cuando me decías cosas que nunca olvidare, que le echara valor a la vida que la vida da palos y otras da alegrías y que algún día tendría alguien que me quisiera y me comprendiera, cuando me decías cuida a la abuela si a mí me pasara algo que Dios no quiera.

Que cuidara a la Mamá que no le diera tormento, y no sé Papá todo lo que por mi has hecho, nunca lo olvidare aunque los años pasen y pasen nunca te olvidare algún día volveremos a vernos, ver tu cara, tu risa, tu dulce olor, tu mirada, esas manos bonitas que tienes que las echo tanto de menos, tus besos no sé papi; pero sabes una cosa que ahora más que nunca te echo tanto de menos, cuando veo a alguien con su padre que lo abraza, lo besa a mí se me parte el alma al no poder hacer eso contigo por qué?

Dios te llevo si tu no hiciste nada pero no me puedo responder tal vez Dios te eligió a ti porque eres tan bueno con todo el mundo, pero tenía que haberte dejado con nosotros, haberte cuidado cuando te hacías viejecito!, no se Papá tantas cosas, decirte lo que me pasa y tu darme consejos, llenarte de amor besos y sobre todo tenerte conmigo para lo bueno y lo malo, que es lo más importante para mí, pero bueno sé que estás conmigo mi Padre te quiero nunca te olvidare.

Te envió besos, tu hija que no te olvida nunca, Te quiero mucho.

jueves, 1 de mayo de 2014

Carta de un Padre

Carta de un Padre

Era una mañana como cualquier otra. Yo, como siempre, me hallaba de mal humor. Te regañe porque te estabas tardando demasiado en desayunar, te grite porque no parabas de jugar con los cubiertos y te reprendí porque masticabas con la boca abierta. Comenzaste a refunfuñar y entonces derramaste la leche sobre tu ropa. Furiosa te levante por el cabello y te empuje violentamente para que fueras a cambiarte de inmediato. Camino a la escuela no hablaste. Sentado en el asiento del auto llevabas la mirada perdida. Te despediste de mí tímidamente y yo solo te advertí que no te portaras mal. 

Por la tarde, cuando regresé a casa después de un día de mucho trabajo, te encontré jugando en el jardín. Llevabas puestos tus pantalones nuevos y estabas sucio y mojado. Frente a tus amiguitos te dije que debías cuidar la ropa y los zapatos, que parecía no interesarte mucho el sacrificio de tus padres para vestirte. Te hice entrar a la casa para que te cambiaras de ropa y mientras marchabas delante de mí te indiqué que caminaras erguido.
Más tarde continuaste haciendo ruido y corriendo por toda la casa. A la hora de cenar arrojé la servilleta sobre la mesa y me puse de pie furioso porque no parabas de jugar. Con un golpe sobre la mesa grité que no soportaba más ese escándalo y subí a mi cuarto. Al poco rato mi ira comenzó a apagarse. Me di cuenta de que había exagerado mi postura y tuve el deseo de bajar para darte una caricia, pero no pude.

¿Cómo podía un padre, después de hacer tal escena de indignación, mostrarse sumiso y arrepentido? Luego escuché unos golpecitos en la puerta. "Adelante" dije adivinando que eras tú. Abriste muy despacio y te detuviste indeciso en el umbral de la habitación. Te miré con seriedad y pregunté: Te vas a dormir?, ¿vienes a despedirte? No contestaste. Caminaste lentamente con tus pequeños pasitos y sin que me lo esperara, aceleraste tu andar para echarte en mis brazos cariñosamente. Te abracé y con un nudo en la garganta percibí la ligereza de tu delgado cuerpecito. Tus manitas rodearon fuertemente mi cuello y me diste un beso suavemente en la mejilla. Sentí que mi alma se quebrantaba. "Hasta mañana papito" me dijiste.

Qué es lo que estaba haciendo? Por qué me desesperaba tan fácilmente? Me había acostumbrado a tratarte como a una persona adulta, a exigirte como si fueras igual a mí y ciertamente no eras igual. Tú tenías unas cualidades de las que yo carecía: eras legítimo, puro, bueno y sobretodo, sabías demostrar amor. Por qué me costaba tanto trabajo?, Por qué tenía el hábito de estar siempre enojado? Qué es lo que me estaba aburriendo? Yo también fui niño. Cuándo fue que comencé a contaminarme?

Después de un rato entré a tu habitación y encendí una lámpara con cuidado. Dormías profundamente. Tu hermoso rostro estaba ruborizado, tu boca entreabierta, tu frente húmeda, tu aspecto indefenso como el de un bebe. Me incliné para rozar con mis labios tu mejilla, respiré tu aroma limpio y dulce. No pude contener el sollozo y cerré los ojos. Una de mis lágrimas cayó en tu piel. No te inmutaste. Me puse de rodillas y te pedí perdón en silencio. Te cubrí cuidadosamente con las cobijas y salí de la habitación.

Si Dios me escucha y te permite vivir muchos años, algún día sabrás que los padres no somos perfectos, pero sobre todo, ojalá te des cuenta de que, pese a todos mis errores, te amo más que a mi vida.
Tu Padre

Mi hija