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jueves, 16 de abril de 2015

La Historia de un verdadero Ángel

La Historia de un verdadero Ángel

Había una vez una niñita sentada en un parque. Todos le pasaban por el lado y nunca nadie se detenía a preguntarle que le ocurría. Vestida con un traje descolorido, zapatos rotos y sucios, la pequeña niña se quedaba sentada mirando a todo el mundo pasar. Ella nunca trato de hablar, no dijo una palabra. Muchas personas pasaron pero nadie se detuvo.

Al día siguiente yo decidí volver al parque a ver si la pequeña niña estaba ahí.

Sí, ahí estaba. En el mismo lugar en el que estaba ayer. Con la misma mirada de tristeza en sus ojos. Me dirigí hacía ella; al acercarme noté que en su espalda había una joroba. Ella me miró con una tristeza tan profunda que me rompió el alma. Me senté a su lado y sonriendo le dije:"hola". La pequeña me miró sorprendida y con una voz muy baja respondió a mi saludo. Hablamos hasta que los últimos rayos de sol desaparecieron. 

Cuando sólo quedábamos nosotros dos y la oscuridad alrededor, le pregunté por qué estaba tan triste. La pequeña me miró y con lágrimas en los ojos me dijo: " Porque soy diferente". Yo respondí con una sonrisa: " Lo eres". Y ella dijo aún más triste: " Lo sé". Yo le dijé: " Pequeña, ser diferente no es malo. Tú me recuerdas a un ángel, dulce e inocente ". Ella me miró, sonrió y por primera vez sus ojos brillaron con la luz de la alegría. Despacio ella se levantó y dijo: "Es cierto lo que acabas de decir?" "Sí", yo le respondí. " Eres como un pequeño ángel guardián enviado para proteger a todos los que caminan por aquí". Ella movió su cabeza afirmativamente y sonrió. 

Ante mis ojos algo maravilloso ocurrió. Su joroba se abrió y dos hermosas alas salieron de ahí. Ella me miró sonriente y dijo: " Yo soy tu ángel guardián". No sabía que decir. Ella me dijo: " Por primera vez pensaste en alguien más. Mi misión está cumplida". Yo me levanté y pregunté por qué nadie le había ayudado. Ella me miró y sonriendo dijo: " Tú eres la única persona que podía verme". Y ante mis ojos desapareció. 

Después de ese encuentro mi vida cambió dramáticamente. Cuando pienses que sólo te tienes a ti mismo, recuerda que tu ángel guardián está siempre pendiente de ti.

Tu misión es:
 Enviar este mensaje a cada persona que conozcas. A cada mensaje que hayas recibido, aún si no conoces a esa persona, puede que le cambies la vida. Déjales saber que de una manera o de otra te preocupas por ellos. 

Como la historia nos enseña, todos necesitamos a alguien. Cada uno de tus amigos es a su manera un ángel. El valor de un amigo sólo puede ser medido con el corazón.

El Collar de Perlas


Jenny era una linda niña de cinco años de ojos relucientes. 

Un día mientras ella con su mamá visitaban la tienda, Jenny vio un collar de perlas de plástico que costaba 2.50 dólares.
¡Cuánto deseaba poseerlo!

Preguntó a su mamá si se lo compraría, y su mamá le dijo:
"Hagamos un trato, yo te compraré el collar y cuando lleguemos a casa haremos una lista de tareas que podrás realizar para pagar el collar, ¿está bien?"

Jenny estuvo de acuerdo, y su mamá le compró el collar de perlas.

Jenny trabajó con tesón todos los días para cumplir con sus tareas. En poco tiempo Jenny canceló su deuda. ¡Jenny amaba sus perlas!

Ella las llevaba puestas a todas partes: al kinder, a la cama, y cuando salía con su mamá.

Jenny tenía un padre que la quería muchísimo. 

Cuando Jenny iba a su cama, él se levantaba de su sillón favorito para leerle su cuento preferido. 

Una noche, cuando terminó el cuento, le dijo:
"Jenny, ¿tú me quieres?", "Oh, sí papá".

"Entonces, regálame tus perlas," le pidió él.
"¡Oh, papá! No mis perlas," dijo Jenny.
"Pero te doy a Rosita, mi muñeca favorita. ¿La recuerdas?, tú me la regalaste el año pasado para mi cumpleaños. Y te doy su ajuar también, ¿está bien, papá?", "Oh, no hijita, está bien, no importa", dándole un beso en la mejilla.
"Buenas noches, pequeña".

Una semana después, nuevamente su papá le preguntó al terminar el diario cuento: "Jenny, ¿tú me quieres?", "Oh, sí papá, ¡tú sabes que te quiero!", le dijo ella.

"Entonces regálame tus perlas". "¡Oh, papá! No mis perlas; pero te doy a Lazos, mi caballo de juguete. Es mi favorito, su pelo es tan suave y tú puedes jugar con él y hacerle trencitas". "Oh, no hijita, está bien," le dijo su papá besándola en la mejilla, "Felices sueños."

Algunos días después, cuando el papá de Jenny entró a su dormitorio para leerle un cuento, Jenny estaba sentada en su cama y le temblaban los labios, "toma papá" dijo, y estiró su mano. La abrió y en su interior estaba su tan querido collar, el cual entregó a su padre. Con una mano él tomó las perlas de plástico y con la otra extrajo de su bolsillo una cajita de terciopelo azul. Dentro de la cajita había unas hermosas perlas genuinas.

Él las había tenido todo este tiempo, esperando a que Jenny renunciara a la baratija para poder darle la pieza de valor.

Y así es también con nuestro Padre Celestial. Él está esperando que renunciemos a las cosas sin valor en nuestras vidas para darnos preciosos tesoros. ¿No es bueno el Señor?

Ésto me hace pensar en las cosas a las cuales me aferro y me pregunto:
¿Qué es lo que Dios me quiere dar en su lugar?

Un profesional desempleado

Un profesional desempleado despertó una mañana y revisó su bolsillo. Todo lo que le quedaba eran $10. Decidió utilizarlos para comprar comida y esperar así la hora de morir, ya que era demasiado orgulloso como para pedir limosna.

Estaba tan frustrado por no encontrar empleo y no tenía a nadie disponible para ayudarle.

Compró su comida y en cuanto se sentó a comer, un anciano y dos pequeños niños se le acercaron y le pidieron que les diera comida, ya que no habían comido en casi una semana.

El profesionista los miró. Estaban tan flacos que se les notaban los huesos. Sus ojos se les habían hundido. Con el último pedazo de compasión que le quedaba, les dio su comida.

El anciano y los niños oraron para que Dios le diera bendiciones y prosperidad, y le dieron una moneda muy antigua. El joven profesionista les dijo "ustedes necesitan esa oración más que yo".

Sin dinero, sin empleo y sin comida, el joven fue debajo de un puente a descansar y esperar la hora de su muerte.

Estaba a punto de quedarse dormido, cuando vio un viejo periódico en el suelo. Lo levantó, y de repente leyó un anuncio para los que tuvieran monedas antiguas, las llevaran a cierta dirección.

Decidió ir a ese lugar con la moneda Antigua que el anciano le dio. Al llegar al lugar, le dio la moneda al propietario del lugar. El propietario gritó, sacó un gran libro y le mostró al joven graduado una foto.

Era la misma moneda, cuyo valor era de 3 millones de dólares. El joven graduado estaba muy emocionado mientras el propietario le dio una ficha bancaria por los 3 millones. El joven cobró el dinero y se fue en búsqueda del anciano y los niños.

Para cuando llegó a donde los dejó comiendo, ya no estaban. Le preguntó al dueño de una cantina cercana si los conocía. El dueño le dijo que no los conocía, pero que le habían dejado una nota. Rápidamente abrió la nota pensando que averiguaría donde encontrarlos.

Esto era lo que la nota decía: 
"Nos diste todo lo que tenías, y te hemos recompensado con la moneda, firma: Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo". 1 Reyes 17:10-16; Mateo 11:28-30.

miércoles, 15 de abril de 2015

No es más grande


No es más grande
el que más sitio ocupa...
sino el que más vacío deja
cuando se va.


Cuán importantes son algunas personas para nuestra vida ! Se nos haría muy difícil imaginarnos sin ellas, sin su apoyo, compañía, cariño y amor!... 

La vida nos demuestra que nadie somos indispensables, pero daríamos lo que fuera para que alguien jamás se fuera de nuestro lado....

Quien habla mal de ti

Quien habla mal de ti en TU AUSENCIA
es porque le tiene miedo a tu PRESENCIA.

Los golpes sanan

Los golpes sanan, pero las palabras se guardan
y crean raíces, por eso duelen más...

Antes de hablar debemos pensar,
 porque con la lengua suelta se puede lastimar…

Ninguna relación es una pérdida de tiempo

Ninguna relación es una pérdida de tiempo,
porque si no te dio lo que buscabas,
te enseñó lo que necesitabas...

Mi hija